lunes, 27 de febrero de 2012

Hilvanando versos


El paseo, de Marc Chagall

Cae sin vértigo
A través de todos los espacios y todas las edades
A través de todas las almas de todos los anhelos y
          [todos los naufragios
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran y los corazones que
         [te aguardan
Quema el viento con tu voz [...]
                                                           Altazor, Vicente Huidobro
Allá vamos. Cedimos gustosamente a las otras profes grandes poetas y poemas, y aun así, nos quedamos con un equipo de primera división: Gloria Fuertes, Ada Salas, Laura Casielles, Eugénio de Andrade... Ya hemos recitado antes, pero recordad que en esta ocasión tendremos público y nos temblarán un poquito más las piernas. Para que veáis que son como nosotros y que, como nos dice la gran Gloria Fuertes, “los poetas guisan y comen y hasta odian”, os dejo varios vídeos y audios de los mencionados arriba.

Empezamos con Gloria Fuertes. "Tengo que deciros" y "No sé", publicados en Aconsejo beber hilo (1954) y Poeta de guardia (1968), respectivamente. Si os apetece escuchar otros poemas de la autora recitados por ella, pasad por aquí.



TENGO QUE DECIROS


Tengo que deciros...
que eso del ruiseñor
es mentira.
Que el amor que sintió
era deseo.
Que la espiga no danza,
se mueve,
porque el aire la empuja.
Que estoy sola,
tengo que deciros
aunque me estáis oyendo.
Cómo duelen, me duelen, duelen mucho
las abejas que salen de mi cuerpo.
Que la luna se enciende,
no es verdad.
El pianista envenenaba a sus hermanos,
y los poetas guisan y comen y hasta odian.
Tenía que deciros...
Hoy tengo algarabía.
Cuando piso el paisaje que quiero
se me llena el talle de avispas
y tengo fuerzas aún en los senos y en las manos.
¡Voy a curarme!
(Voy a curarme)
¡La vida me sonríe como tonta!
... (Pero es que) todo es falso...
La verdad,
que estoy sola esperando el coche de línea.


NO SÉ


No sé de dónde soy.
No he nacido en ningún sitio;
yo ya estaba
cuando lo de la manzana,
por eso soy apolítica.
Menos mal que soy mujer,
y no pariré vencejos
ni se mancharán mis manos
con el olor de fusil,
menos mal que soy así...

Gloria Fuertes también supo hacernos sonreír contemplando con insólita ternura lo terrible de nuestra existencia. Escuchad, escuchad el lamento de este ciprés del cementerio, publicado en su Poeta de guardia (1968). Una curiosidad llamada improvisación: en el audio, las sonrisas son tortillas :)



EL CIPRÉS DEL CEMENTERIO


Yo no soy triste,
es que estoy en un sitio
que nadie viene con sonrisas.


Yo no soy triste,
es que todo el que viene aquí
parece como si le faltara algo.


Yo no soy triste
y si no que lo digan los pájaros
a ver
¿qué tienen otros árboles que no tenga yo?


Yo no soy triste,
lo que pasa es que todos me miráis con tristeza.


Lo escogisteis y os quedasteis con su sonrisa. Aquí la tenéis, "La sonrisa", de Eugénio de Andrade, recitado por él mismo en su lengua natal, el portugués. ¡Suena tan dulce!



LA SONRISA


Creo que fue la sonrisa,
la sonrisa fue quien abrió la puerta.
Era una sonrisa con mucha luz
dentro, y apetecía
entrar en ella, quitarse la ropa, quedarse
desnudo dentro de aquella sonrisa.
Correr, navegar, morir en aquella sonrisa.


Ada Salas nos explica qué es para ella la poesía y por qué escribe poesía. Nos recita dos intensos poemas incluidos en su libro La sed (1997). De su libro No duerme el animal, que recopila los poemas escritos entre 1987 y 2003, hemos seleccionado otros tres que nos gustaron especialmente.




A qué región me llegaré a buscarte
ahora que reposas a mi lado
en forma de deseo
                             hombre
cuya belleza apenas
conocía. Cada día me ciñe
su cilicio de ausencia.
Me has herido de vida desde toda
tu muerte


y no hay sueño bastante a tu vacío.


                       ***
De niña
         en el colegio
subía por las franjas luminosas
de polvo y sol.
Al ritmo de los aires
que traen lo inesperado
        veía cosas


                     ***


Pon un beso en mi boca.


Ámense
tu silencio y el mío.


                   ***
Ven.


Ámame.


Acaricia este amor.
Arráncale las alas de la muerte.


A Laura Casielles, Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández 2011, la conocéis bien. Los versos de Los idiomas comunes inundaron de calor y sabiduría de niña honesta las paredes blancas de nuestro instituto. Generosamente la red "Nosotras en el mundo" comparte un audio con sus versos. Ay, Elisa se nos llevó “Las mujeres que escriben diccionarios tienen las manos llenas de notas” y “La historia interminable”, pero —eso sí— nos quedamos con “La levedad del pájaro”.

LA LEVEDAD DEL PÁJARO

Aprender la levedad del pájaro.
Sacar los pies del nido y encontrar
que fuera el mundo es limpio
y el cielo es amplio
y no nos queda nada
por lo que valga la pena no amar.


Aprender
la levedad del pájaro. Respirar.
Sentir cómo pasa el aire
por todas las esquinas del cuerpo,
lo más parecido a volar
que puede hacer una mujer
como yo,
con el corazón
pegado a tierra.
Desafiar
la gravedad
como quien desafía
una norma, aprender
la levedad del pájaro.
Olvidar que las cosas pesan
y echarlas al aire,
quedarse quieta y ver
cómo
les nacen
alas.
Lo más parecido a volar
que puedo hacer,
yo que tengo
los pies
de plomo.
Aprender
la levedad
del pájaro.


Trabajaremos con otros audios que podéis encontrar aquí y aquí. También podéis volver a escuchar las grabaciones de Julio Cortázar de la entrada Buenas salenas cronopios cronopios.

viernes, 17 de febrero de 2012

Tortilla natural

Ada Breedveld

Ingredientes
  • 22 hojas de un árbol
  • 18 margaritas
  • 2 vasos de vapor de nubes
  • Una pizca de viento fresco

Preparación

Para preparar este plato lo primero que debe hacer es salir de la rutinaria cocina y emprender un pequeño viaje al bosque. Una vez allí, súbase al árbol más frondoso que vea y coja 22 hojas. A continuación arranque 18 margaritas y mézclelas con las hojas hasta conseguir una masa homogénea de color verde claro. Agregue vapor de nubes y una pizca de viento fresco. Por último, déjela que se dore un día luminoso sobre la hierba fresca.

Degustación

Ya que está usted en el campo y luce el sol, busque fresas silvestres para el postre.

Ensalada de la A afligida

 Ajubel

Ingredientes
  • 100 g de tomates apenados
  • 300 g de lechuga angustiada
  • 40 g de atún acobardado
  • 20 ml de aceite agobiado
  • 10 ml de vinagre autoritario
  • 50 g de maíz de animadversión 
  • Una pizca de sal de advertencia

Preparación

Troceamos los tomates apenados y la lechuga angustiada. A continuación añadimos el atún acobardado, con mucho cuidado para que no se asuste más de la cuenta. Aderezamos con maíz de animadversión. Finalmente aliñamos la ensalada con aceite agobiado, vinagre autoritario y una pizca de sal de advertencia.

Degustación

Esta ensalada afligida se puede acompañar con agua de amargura.

lunes, 13 de febrero de 2012

Helado de algarabía

Árbol, sol y niños, de Antonio Álvarez Gordillo

Para hacer esta receta es necesario romper todos los silencios.

Preparación

Necesitamos 100 g de ira de madre, alborotada con una pizca de azúcar de la confusión y una gran taza de griterío. Una vez mezclados los ingredientes, dejamos reposar en la nevera donde no llega el bramido del viento.

Degustación

Se aconseja saborear este bullicioso helado escuchando el murmullo de las olas.

jueves, 9 de febrero de 2012

Pan de ira

Las manos de la ira, de Oswaldo Guayasamín

Ingredientes

  • 150 g de rabia de adolescente
  • 150 g de odio perruno de carteros
  • 50 g de desprecio felino de ratones
  • 150 g de sed de venganza
  • 150 g de cólera de anciano gritando: «¡Fuera de mi césped!» 
Preparación

En primer lugar, mezclamos todos los sentimientos reprimidos. Posteriormente, amasamos la mezcla y le damos la forma de un corazón roto. Horneamos una hora hasta que el corazón se queme por dentro, y, finalmente, agregamos toda la esencia del mal.

Degustación

Recomendamos un especial cuidado con la cólera de anciano, ya que puede provocar ardentías.

lunes, 6 de febrero de 2012

Tarta amistosa



Embrace of Peace II, de George Tooker
  Preparación:

En una sartén repleta de cariño añada una pizca de felicidad. Cuando esta coja el color del arcoíris, incorpore 100 g de respeto. Mézclelo todo bien para que los sabores se contagien. Agregue un par de gotas de aceite de lealtad y una cucharadita de crema de suma confianza. Sírvalo en un plato hondo, muy hondo, y decórelo con hojas de «Siempre estaré ahí» y mermelada de «Nunca te haré daño».

Degustación:

Conviene compartir este dulce platillo con personas que ignoren cómo se rompe un corazón.