jueves, 22 de diciembre de 2011

Llama, de Alba Jiménez 2ºB


Fuego bajo un cielo, de Lisandro Demarchi

Después de andar siete días, a través de boscajes, el que llega a la ciudad de Llama no consigue verla y ha llegado. Los rayos del sol sostienen la ciudad. Se sube por unas escaleras de luciérnagas. Los habitantes rara vez están a oscuras. Nada de la ciudad toca el suelo salvo unos letreros en los que se anuncia: «Tiene usted luz verde para continuar». En los días nublados las mujeres dan a luz.

Tres hipótesis circulan sobre los habitantes de Llama: que odian la oscuridad, que respetan los atardeceres y que aman el alba.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Duermevela, de Saray Oliva


El sueño, de Antonio Álvarez Gordillo

Lo que hace a Duermevela diferente de las otras ciudades es que en vez de aire tiene sueños. Los sueños cubren completamente las calles, las habitaciones están repletas de camas deshechas. Sobre las escaleras los habitantes duermen plácidamente. Encima de los tejados caminan los sonámbulos.

Si los habitantes pueden andar por la ciudad soñando, no lo sabemos. Pero estamos seguros de que tienen pesadillas. Les conviene quedarse quietos y tendidos para conciliar el sueño. Los lugares están desiertos. Hay quien dice que de noche, pegando el oído al suelo, se escuchan los ronquidos de la ciudad.

Do-Re-Mi, de Adela Pazo

El violinista azul, de Marc Chagall

Lo que hace a Do-Re-Mi diferente de las otras ciudades es que en vez de aire tiene música. La música cubre completamente las calles, las habitaciones están repletas de orquestas, sobre las escaleras se posa un violonchelo. Encima de los tejados vuelan las partituras.

Si los habitantes pueden andar por la ciudad, cantando o componiendo, no lo sabemos. Pero estamos seguros de que sus movimientos son rítmicos. Les conviene quedarse quietos y tendidos, para oír maravillosas sinfonías. Los lugares están llenos de coros. Hay quien dice que de noche, pegando el oído al suelo, se escucha el dulce sonido de un Stradivarius.

Ruido, de Lola Romero 2ºC

El susurro, de Alicia Fernández Escaplez

Después de andar siete días, a través de boscajes, el que llega a la ciudad de Ruido no consigue verla, pero sí oírla. Los sonidos sostienen la ciudad. Se sube por un camino diciendo «Miau». Los habitantes rara vez están en silencio. Nada de la ciudad toca el suelo salvo la vibración de las risas de los habitantes que se repite sin parar. En los días luminosos la ciudad se eleva debido a la alegría y al bullicio.

Tres hipótesis circulan sobre los habitantes de Ruido: que odian el llanto, que respetan los aullidos, que aman los susurros, y que nunca se cansan de escucharse los unos a los otros.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Tempus, de Alejandro Bastida 2ºB


Árboles de tiempo, de marustahl

Lo que hace a Tempus diferente de las otras ciudades es que en vez de aire tiene horas. Las horas cubren completamente las calles. Las casas están repletas de relojes, sobre las escaleras se posan los minutos. Encima de los tejados, los segundos.

Si los habitantes pueden andar por la ciudad, cronometrando el tiempo, no lo sabemos. Pero estamos seguros de que tarde o temprano lo conseguirán. Les conviene quedarse quietos y tendidos para escuchar el tic-tac de los relojes. Hay quien dice que existe un reloj atrasado. De noche, pegando el oído al suelo se escucha el canto de un cuco.

Averno, de Manuel López 2ºB


Eurídice en el tártaro de los infiernos, de Pedro Guajardo Eguíluz

Lo que hace a Averno diferente de otras ciudades es que en vez de aire tiene niebla. Lo mítico cubre completamente las calles, los jardines están llenos de gnomos guardianes, sobre las escaleras se posan duendes; encima de los tejados, gárgolas que compiten por la mejor esquina.

Si los habitantes pueden ver con claridad por la ciudad o guiarse por un haz de luz, no lo sabemos. Pero estamos seguros de que todas las criaturas míticas siguen vivas allí. Les conviene quedarse quietas y tendidas para evitar ser encerradas. La salida está vigilada por centauros. De noche, pegando el oído al suelo, se escuchan los sollozos del ave fénix.

martes, 6 de diciembre de 2011

Encaje de bolillos: 70 manos y 35 voces por la Libertad



I'm alive, de berkozturk
 
...y tendrás que buscarla y perseguirla
por las calles, ciudades, praderas y desiertos
de todo el vasto mundo
porque se deja amar únicamente por amor por ganas
porque ella es más hermosa que una pluma del viento.
José Agustín Goytisolo
LA LIBERTAD ES MÁS QUE UNA PALABRA

La libertad ha de estar siempre en presente

la libertad es un antes y un después

la libertad es mirar la distancia y sentirla cerca

la libertad es sentarse encima de una mesa

la libertad es elegir el mar donde quieres nadar

la libertad es tener un cocodrilo por mascota

la libertad es dormir de día y cantar de noche

la libertad es cruzar con el semáforo en rojo

la libertad es calzarse unas botas de agua en verano

la libertad es perderse en un bosque

la libertad es el humo de la leña

la libertad es romper telarañas

la libertad es poner un más donde hay un menos

la libertad es cambiar los nombres

la libertad es desactivar el mecanismo de una bomba

la libertad es una carta viajera

la libertad es urgente

la libertad es un flechazo

la libertad es dejar marchar un amor

la libertad es aparecer y desaparecer

la libertad es ordenar los factores y alterar el producto

la libertad es escribir en el filo de un iceberg

la libertad es un océano sin marea

la libertad es un fondo con luz

la libertad es saborear el pan

la libertad es memoria

la libertad es del preso

la libertad es del que quiso y del que no pudo

la libertad no es tener un buen amo, sino no tenerlo

la libertad puede caer al vacío

la libertad es gritarle al silencio

la libertad es el miedo

la libertad es ir y es volver

la libertad es nacer

la libertad es escribir este poema.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Eugénio de Andrade

Para los que quieran conocer un poco más al poeta. Para los que me preguntasteis en clase por sus poemas. Que los disfrutéis.


AUNQUE SEA PEQUEÑA...

Aunque sea pequeña, haz una llave,

entra en la casa.

Consiente la dulzura, compadécete

del material del sueño y de las aves.


Invoca al fuego, al resplandor, a la música

de los flancos.

No digas piedra, di ventana.

No seas como la sombra.


Di hombre, di niño, di estrella.

Repite las sílabas

donde es feliz la luz y se detiene.


Vuelve a decir hombre, mujer y niño.

Donde es más joven la belleza.


EL ARTE DE HACER VERSOS

Toda la ciencia está aquí,

en el modo como esta mujer

de los alrededores de Cantón,

o de los campos de Alpedriña,

riega cuatro o cinco tablas

de coles: mano certera

con el agua,

intimidad con la tierra,

empeño del corazón.

Así se hace el poema.