lunes, 19 de diciembre de 2011

Do-Re-Mi, de Adela Pazo

El violinista azul, de Marc Chagall

Lo que hace a Do-Re-Mi diferente de las otras ciudades es que en vez de aire tiene música. La música cubre completamente las calles, las habitaciones están repletas de orquestas, sobre las escaleras se posa un violonchelo. Encima de los tejados vuelan las partituras.

Si los habitantes pueden andar por la ciudad, cantando o componiendo, no lo sabemos. Pero estamos seguros de que sus movimientos son rítmicos. Les conviene quedarse quietos y tendidos, para oír maravillosas sinfonías. Los lugares están llenos de coros. Hay quien dice que de noche, pegando el oído al suelo, se escucha el dulce sonido de un Stradivarius.

1 comentario:

Anna dijo...

Feliciades es prcioso :D
Saludos : Anna